martes, 18 de octubre de 2016

MÁS RARO QUE ESCOTO ERIÚGENA


El viernes de la semana pasada un alumno de tercero de filosofía me dijo que faltaría a clase una semana de noviembre porque estaría en un congreso de filosofía medieval. Hablando de Escoto Eriúgena y la apocatástasis. No sé qué me sorprendió más: que un alumno de tercero expusiera en un congreso, que hablase sobre Juan Escoto Eriúgena o que lo hiciera sobre un tema tan cotidiano como la apocatástasis.

De ese filósofo irlandés aprendí hace mucho tiempo al menos una cosa: que era muy raro. Como dirían en Navarra, "más raro que raro". O rizando el rizo: "Más raro que Escoto Eriúgena". Aunque, por cosas de la casualidad, hace unos diez años hasta tuve cierto trato con él, porque traduje para un amigo uno de sus poemas, Auribus Hebraicis...

Aquí dejo esa traducción de un poema sobre el paso, el tránsito o la pascua, donde se entremezcla el relato sobre el origen del mundo, la liberación de los judíos de Egipto, la redención de Cristo y el presente histórico: el presente del Eriúgena, claro, S. IX d. C.

Gracias, Rodrigo, por hacerme volver sobre este texto y su forma diversa de pensar.


Para los oídos hebreos es cosa conocida si digo “pascua”;
a los usos de Ausonia resulta familiar “tránsito”.

Si quieres conocer la primera pascua, la de la naturaleza,
indaga cuál fue el primer día que brilló en el orbe,
en el cual se dice que se produjo de forma conjunta el tránsito
de la máquina del mundo en sus especies propias a partir de la nada,
en el cual el Creador también reveló las causas que consigo de siempre tenía
y las sacó a la luz en forma visible.
Entonces la esfera de la tierra queda fija en un punto invariable
y se reviste de fronda y huerta.
La franja costera ciñó el mar, señorío de Neptuno,
superar la cual no puede el piélago aunque se encrespe su cabellera.
El espacio aéreo tocaban, por así decir, los cuernos de la luna,
espacio que cortan con poderosas alas los pájaros [canoros].
En torno a los círculos del éter giraba el orbe estrellado,

circundando el mundo con movimientos regulares.
Con paso diverso se movía el acordado conjunto
de los planetas, el cual dulces tonos emitió
en número de seis, y los siete espacios intermedios modularon los ocho sonidos:
de la esfera del cielo se estableció la armonía.
Tras ello, se dice, el que había de ser el rey del mundo, en último lugar, de su corte
iba a tomar posesión, si no hubiera sucedido lo que le ocurrió.
¡Ay!, que al desgraciado lo engañó la mujer, su cónyuge,
a la que antes, ingenua, había echado a perder la astucia de la serpiente.

Moisés, caudillo de su pueblo, celebró la segunda pascua
sacudiendo la tierra de Isis con dos veces cinco golpes.
Pasó de largo el Señor las jambas marcadas con sangre
mientras aquella tierra lloraba a sus primogénitos.
El israelita come aprisa el cordero:
por los huesos intactos fue una mística cena.
Va el pueblo gozoso, el pérfido Egipto se lamenta.
Está loco de rabia, a aquel a quien teme persigue.
Entonces Moisés, con ansiedad, contempla las olas del Mar Rojo:
su pueblo, que desconoce el valor marcial, aterrado duda.
Nubes oscuras frenan la turbamulta del faraón
para que no capture su presa; y, llena de rabia y frenesí, se queda en suspenso.
Entonces el caudillo, intrépido, divide en dos los campos de Neptuno:
las olas del terso mar ignoto ofrecen un camino,
un viento abrasador seca las costas egipcias
y, a un muro semejante, se alza, hinchada, el agua de las profundidades.
Entra el pueblo con confianza en el torbellino de las aguas
y, al salir, ve alegre costas que le complacen.
En cambio, al Faraón hostil lo anegan las masas del piélago:
las honduras de Tetis cubren por doquier los carros.

Estas cosas habían sido en tiempo prefiguraciones del Cristo que iba a venir,
en el cual resplandece lo que permaneció oculto largo tiempo.
Él, único vencedor tras verse postrado el príncipe del mundo,
al cabo de tres días sale del Infierno.
Y, pisoteando el primero la muerte, se trasladó a lo alto:
es que es el único que se salvó del destino infernal.
Y, derramando puras libaciones de la propia sangre,
salvado el mundo consagra la nueva pascua.
Por su propia voluntad el Señor se sacrifica, siendo Él mismo sacerdote,
única víctima que al Padre agradó,
víctima que limpió de su culpa todo el mundo, 
mundo al cual pudo perder el primer hombre.
La muerte, que por uno llegó, fue expulsada por uno;
gracias a la buena muerte de la vida [= de Cristo] perece, vencida, la mala muerte.
Como primicia Cristo abrió las puertas del sepulcro
y devolvió a nuestra naturaleza los bienes perdidos.

Ahora de estas realidades se celebran los símbolos sagrados,
ahora que son visibles a los ojos las cosas conocidas antes por el espíritu,
ahora que el alma pía saborea de corazón el cuerpo de Cristo,
el torrente de su sagrada sangre y el precio del mundo,
ahora que, rememorándola, renovamos por años y años la cena del Señor, 
ahora que un mismo coro hace resonar con armonía cantos diversos.

Con los manjares eternos de los que son figura los símbolos místicos
dígnate, Cristo, alimentar a Carlos,
tu devoto siervo, quien te venera y honra
aprestando vasos de oro para el templo por él construido,
en el que amplios cortinajes se extienden por los alargados atrios
y el clero se reviste de color purpúreo;
los santos presbíteros hacen resonar su canto en torno a los altares:
así, en los templos perpetuos, él mismo será tuyo.





miércoles, 12 de octubre de 2016

LOS DOCE DIOSES O EL PANTEÓN GRIEGO


El otro día hablábamos en clase del mito y no sé cómo surgió el tema de que en el panteón griego existen doce dioses principales. Para ilustrar el asunto volví a los materiales que empleaba en clase cuando podía organizar aquel seminario de Mitología Clásica, "Los mitos clásicos de ayer a hoy". Antes de Bolonia.

Así ha salido esta entrada. Ojalá sea de utilidad como el resto del blog. Chaírete.


En el politeísmo griego se impuso como canónica la idea de que hay doce dioses principales. Esta idea parece proceder de Asia Menor, de donde habría pasado a Jonia. Pero no se atestigua hasta el siglo VI, en época de Pisístrato.
  • El concepto de que hay doce dioses está presente ya en el Himno Homérico a Hermes.
  • Además están atestiguados diversos tipos de monumento dedicados a los doce dioses en Grecia: un altar en el ágora de Atenas, según diversos testimonios, y un altar erigido por Alejandro en la India, el extremo oriental de su imperio, según Diodoro de Sicilia (17,95) y otros, como Arriano:
Alejandro (…) mandó que se erigieran doce altares, más altos que las más altas torres, y también anchos como una torre, en acción de gracias a los dioses que hasta este punto le habían conducido invicto, y como recuerdo de las penalidades sufridas. Una vez preparados los altares, celebró sacrificios según el ritual, así como un certamen gimnástico e hípico (Arriano 5,29,1-2; trad. Guzmán Guerra).
El canon de los doce dioses, con sus equivalentes latinos, incluye habitualmente estos nombres:
  1. Zeus (Júpiter).
  2. Hera (Juno).
  3. Posidón (Neptuno).
  4. Atenea (Minerva).
  5. Apolo.
  6. Ártemis (Diana).
  7. Afrodita (Venus).
  8. Ares (Marte).
  9. Hermes (Mercurio).
  10. Deméter (Ceres).
  11. Dioniso (Baco).
  12. Hefesto (Vulcano).
Pero hay fluctuaciones, que afectan sobre todo a Deméter y Dioniso por su carácter popular:
  • En lugar de Dioniso se suele incluir a Hestia, la diosa virgen del hogar.
  • Por su parte, Deméter puede ser sustituida por Heracles, quien propiamente es un héroe, aunque fuese divinizado post mortem.
  • Más aún, Platón (en las Leyes) propuso colocar a Plutón en duodécimo lugar. 
  • En Olimpia, los tres últimos puestos los ocupaban Crono, Rea y el río Alfeo.
Más allá de diferencias sincrónicas y diacrónicas queda claro que los griegos tienden a considerar que los dioses son doce, y que las relaciones que existen entre ellos son de tipo familiar, de acuerdo con un modelo conocido por otras culturas de Egipto y Oriente Próximo. Por ello:
  • Zeus y Hera, que son hermanos, son esposo y esposa.
  • Posidón es su hermano, hijo como ellos de Crono y Rea.
  • Atenea es la hija de Zeus, nacida sin intervención de mujer.
  • Apolo y Ártemis son hermanos e hijos de Zeus y Leto.
  • Afrodita es hija de Zeus y Dione, o bien nació del miembro de Urano (después de que Crono lo castrara); está casada con Hefesto (lo cual es una realización del motivo de “la bella y la bestia”) y le engaña con Ares (también otra versión del mismo motivo).
  • Ares es hijo de Zeus y Hera.
  • Hermes es hijo de Zeus y Maya.
  • Deméter es hermana de Zeus y Posidón.
  • Dioniso es hijo de Zeus y Sémele.
  • Hefesto es hijo de Zeus y Hera; o bien nació solo de Hera, sin intervención de varón.
Nótese el papel central de Zeus en esta familia: es hermano de Hera, Posidón y Deméter, y los demás dioses, todos, son, en al menos alguna versión, hijos suyos, por su matrimonio con Hera o por sus relaciones extramatrimoniales.
Todo ello hace que el panteón de los doce dioses griegos resulte, en comparación con el de otras culturas, notablemente sencillo y claro.
Conviene señalar que, según estructuralistas como J. P. Vernant, el conjunto del panteón griego se puede analizar como un sistema organizado, como un lenguaje en el que los dioses individuales no poseen valor en sí mismos sino en función de su oposición al resto de los dioses.

Un ejemplo lo representan los dos dioses de la muerte, Hades y Ares, pareja de opuestos en la que Hades representa el principio pasivo de la muerte (recibe a los muertos) y Ares el principio activo (los genera). Los ejemplos que se pueden aducir de lo mismo son numerosos:
Ares y Atenea son dos divinidades guerreras; pero sus ámbitos de acción están repartidos: Ares es la fuerza bruta y Atenea la astuta consejera, experta en estrategia. Además, la figura de Atenea se inserta en más pares de opuestos:
  • Atenea-Hefesto: son las divinidades del trabajo manual; pero sus ámbitos respectivos de actuación vuelven a ser distintos porque Hefesto es quien hace el trabajo sucio en la fragua mientras que Atenea es quien planea e inventa.
  • Atenea-Ártemis: son dos de las tres diosas vírgenes, junto a Hestia, la diosa del hogar, de personalidad más difusa; pero Atenea representa una virginidad casi masculina frente a Ártemis, quien simboliza la virginidad de las doncellas, a las que protege.
No hay, por referirnos al caso de las diosas principales, dos que ocupen el mismo sector en el panteón olímpico: igualmente entran en oposiciones privativas con las demás diosas las restantes:
  • Afrodita: diosa del amor sexual.
  • Hera: diosa del amor conyugal.
  • Deméter: diosa del amor materno.


lunes, 10 de octubre de 2016

ARISTÓTELES: POÉTICA 19


Más capítulos de la Poética. Cuanto más se avanza en su plan, más claro queda que lo que de verdad le interesa a Aristóteles es el argumento o la historia o la fábula (chámalle x, como decía un amigo de Tui). Aquí habla de otras dos partes: lo que se quiere decir y la forma concreta en que se dice, pensamiento y elocución; la brevedad del de Estagira es asombrosa.

Capítulo 18          Capítulo 20


Se ha hablado, pues, acerca de las otras especies: lo que resta es hablar sobre la elocución y el pensamiento.

Pues bien, que se mantenga lo dicho acerca del pensamiento en los libros de retórica: es que este asunto es más propio de aquella investigación. Atañe al pensamiento esto, cuantas cosas se deben proponer por medio del discurso. Son componentes de estas cosas tanto el demostrar como el refutar y el proponer pasiones [1456b] (como compasión o temor o ira y cuantas cosas hay de este tipo), y además grandeza y nimiedades. Es evidente que también en los acontecimientos, por los mismos principios, se ha de echar mano {del pensamiento} cuando se hayan de presentar cosas que muevan a compasión o terribles o elevadas o verosímiles. Salvo que se diferencian en esto, porque unas cosas deben aparecer sin explicación mientras que las otras han de ser propuestas en el discurso por el que habla y desarrollarse a lo largo del mismo. Es que, ¿cuál sería el mérito de quien habla si {el resultado apetecido} fuera evidente por propia necesidad y no por causa del discurso?

De las cosas que atañen a la elocución un aspecto de estudio son sus figuras, conocer las cuales es propio del arte de la interpretación y del que domina tal especialidad; por ejemplo qué es un mandato y qué una súplica, una narración y una amenaza, una pregunta y una respuesta y cualquier cosa de este tipo, si la hay. Es que del conocimiento o ignorancia de esto no se sigue para la poética ningún reproche que merezca atención. Pues, ¿de qué forma se supondría que está errado lo que censura Protágoras, lo de que, creyendo suplicar {Homero}, ordena al decir “La cólera, canta, diosa”? Ocurre, dice, que el mandar hacer algo o no es una orden. Por ello quede esto a un lado, en la idea que es tema de consideración de otra arte y no de la poética.